CLASE 7
Crisis del parlamentarismo y transformación del Estado en Chile: de la Constitución de 1925 al nuevo rol estatal
OBJETIVO DE APRENDIZAJE
Analizar la crisis del sistema político parlamentario chileno y el proceso de transformación institucional, económica y social que vivió Chile durante la primera mitad del siglo XX, comprendiendo el sentido histórico de la Constitución de 1925, el fortalecimiento del régimen presidencial y la redefinición del rol del Estado frente a la crisis del modelo de crecimiento hacia afuera y a las nuevas demandas de la sociedad.
ACTIVACIÓN DE CONOCIMIENTOS PREVIOS
Hasta ahora has estudiado cómo el mundo cambió profundamente durante la primera mitad del siglo XX. Viste las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, el auge de la cultura de masas, la fragilidad de los felices años 20, la crisis de 1929, el surgimiento de los totalitarismos, la Segunda Guerra Mundial y el nuevo orden mundial de posguerra. Todo eso podría hacerte pensar que estos procesos pertenecen al escenario europeo o internacional, como si Chile hubiera sido un espectador lejano.
Pero no fue así.
Chile no estaba aislado del mundo. Su economía dependía del comercio internacional, su sistema político enfrentaba tensiones internas serias, y su sociedad también estaba cambiando con rapidez. Por eso, las grandes crisis del mundo repercutieron con fuerza en el país.
Ahora piensa esta pregunta con calma: ¿qué pasa cuando un sistema político parece funcionar para un grupo reducido, pero no logra responder a los problemas sociales de la mayoría? ¿Qué pasa cuando la economía de un país depende demasiado de un solo producto o de la demanda externa? ¿Qué pasa cuando las reglas institucionales dejan de ser capaces de procesar los conflictos de una sociedad que ya cambió?
Eso fue, en buena parte, lo que ocurrió en Chile durante las primeras décadas del siglo XX.
Esta clase no trata simplemente de una nueva Constitución o de un cambio de presidente. Trata de algo más profundo: del momento en que el viejo orden político chileno comenzó a agotarse y el Estado tuvo que transformarse para enfrentar una sociedad distinta, una economía en crisis y demandas sociales que ya no podían ser ignoradas.
DESARROLLO
1. El parlamentarismo chileno: qué fue realmente y por qué generó tantos problemas
Para comprender la crisis del sistema político chileno en el siglo XX, primero hay que entender qué fue el llamado régimen parlamentario o, con más precisión, parlamentarismo a la chilena.
Chile no tuvo un parlamentarismo idéntico al británico, donde el jefe de gobierno surge directamente de la mayoría parlamentaria y el sistema está claramente estructurado para funcionar de ese modo. Lo que existió en Chile después de la Guerra Civil de 1891 fue una forma particular de predominio del Congreso sobre el Presidente, dentro de un régimen que formalmente seguía siendo presidencial según la Constitución de 1833.
La Guerra Civil de 1891 enfrentó al presidente José Manuel Balmaceda con el Congreso Nacional. El conflicto terminó con la derrota de Balmaceda y, desde entonces, el sistema político se reorganizó de tal manera que el Congreso pasó a tener un enorme poder sobre el Ejecutivo. En teoría, el Presidente seguía siendo jefe de Estado. En la práctica, debía gobernar bajo la presión constante de un Congreso capaz de bloquear sus iniciativas y desestabilizar a sus ministros.
Uno de los rasgos más característicos de este periodo fue la llamada rotativa ministerial. Esto significa que los ministros cambiaban con enorme frecuencia, muchas veces no porque existiera una política pública nueva o una necesidad técnica real, sino porque el juego político parlamentario obligaba a reorganizar gabinetes una y otra vez para sostener alianzas frágiles. La consecuencia era evidente: falta de continuidad, debilidad del Ejecutivo y dificultad para llevar adelante reformas profundas.
Ahora bien, este problema no era solo institucional. No se trataba únicamente de “muchos cambios de ministros”. Lo que estaba detrás era una forma de hacer política dominada por acuerdos entre élites, negociaciones cerradas y lógicas oligárquicas, donde la representación de los sectores populares era muy limitada.
En otras palabras, el sistema parlamentario chileno funcionaba relativamente bien para un sector reducido de la sociedad, especialmente la élite política y económica, pero no respondía de manera eficaz a las transformaciones sociales que el país estaba viviendo.
Aquí aparece una idea importante: un sistema político puede parecer estable desde afuera y, al mismo tiempo, estar incubando una crisis profunda por dentro.
2. La sociedad chilena estaba cambiando más rápido que la política
Mientras el sistema político seguía dominado por una élite tradicional, la sociedad chilena comenzaba a experimentar cambios importantes. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, Chile no era ya el mismo país agrario, oligárquico y relativamente cerrado que había sido décadas antes. El crecimiento de la minería, especialmente del salitre en el norte, la expansión de algunas actividades urbanas, el desarrollo del trabajo asalariado y el aumento de la población urbana fueron modificando el paisaje social del país.
A medida que avanzaba el proceso de urbanización, crecían también los problemas asociados a la vida en las ciudades: hacinamiento, pobreza, falta de acceso a servicios básicos, precariedad laboral, mortalidad infantil, enfermedades, empleo inestable y profundas desigualdades entre sectores sociales. En las oficinas salitreras del norte y en muchos espacios urbanos, las condiciones de vida y trabajo eran extremadamente duras.
Este conjunto de problemas se conoce como la cuestión social. El término no se refiere a un problema aislado, sino a una realidad compleja: el surgimiento visible de la pobreza urbana y obrera, la explotación laboral, la ausencia de protección social y la evidencia de que el crecimiento económico no se traducía automáticamente en bienestar para la mayoría.
La cuestión social fue central en la historia chilena del cambio de siglo. No era simplemente una “incomodidad” para la élite. Era una señal de que el país estaba entrando en una nueva etapa, en la que ya no bastaba con administrar el orden desde arriba sin responder a las condiciones concretas de vida de la población.
Cuando una sociedad cambia más rápido que sus instituciones, aparece una tensión estructural. La política queda atrasada respecto de la realidad social. Y eso fue justamente lo que comenzó a ocurrir en Chile.
3. La cuestión social: pobreza, trabajo precario y conflicto obrero
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Conviene detenerse un poco más en este punto, porque si no se entiende la cuestión social, no se entiende por qué el sistema político comenzó a desgastarse.
Durante las primeras décadas del siglo XX, los trabajadores chilenos —mineros, portuarios, ferroviarios, obreros urbanos, entre otros— enfrentaban condiciones de trabajo marcadas por extensas jornadas laborales, bajos salarios, escasa protección, accidentes frecuentes y gran inseguridad. En muchos casos, las viviendas eran precarias y el acceso a salud, educación o previsión prácticamente inexistente o muy limitado.
En el norte salitrero, por ejemplo, muchos trabajadores vivían en oficinas controladas por las propias empresas, donde los pagos podían realizarse mediante fichas en vez de dinero directo, lo que obligaba a comprar dentro del mismo circuito económico de la compañía. Esto reforzaba la dependencia del trabajador respecto del empleador.
Frente a estas condiciones, comenzaron a crecer las formas de organización obrera. Aparecieron mutuales, sociedades de resistencia, sindicatos y expresiones políticas vinculadas al mundo del trabajo. Entre las figuras importantes del pensamiento obrero chileno se encuentra Luis Emilio Recabarren (1876–1924), fundador del Partido Obrero Socialista en 1912, antecedente del Partido Comunista de Chile. Recabarren fue una figura clave porque comprendió que la cuestión social no era solo un problema moral o caritativo, sino una estructura de desigualdad que requería organización y transformación política.
A medida que aumentaban las huelgas y protestas, también se hacía visible la incapacidad del sistema político para canalizar estas demandas de manera justa. Muchas veces, la respuesta del Estado fue represiva.
Uno de los episodios más dramáticos fue la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique en 1907, cuando miles de trabajadores salitreros en huelga se encontraban reunidos en Iquique exigiendo mejoras laborales y fueron reprimidos por el ejército. La cifra exacta de muertos sigue siendo debatida, pero se trató de una masacre de gran magnitud y de enorme peso simbólico en la memoria social chilena.
Este hecho muestra algo decisivo: el conflicto social ya no podía ser tratado simplemente como un desorden pasajero. Era una señal de que el país estaba entrando en una fase de confrontación entre una sociedad más organizada y un sistema político que no estaba dispuesto ni preparado para integrar esas demandas.
4. El agotamiento del orden oligárquico y la pérdida de legitimidad del parlamentarismo
El parlamentarismo chileno no colapsó de un día para otro. Se fue desgastando. Y ese desgaste no se explica solo por problemas técnicos del sistema institucional, sino por una crisis más profunda de legitimidad.
La oligarquía —es decir, el grupo reducido de familias y sectores con poder económico, social y político dominante— mantuvo durante décadas un gran control sobre la política nacional. En muchos sentidos, el régimen parlamentario fue funcional a esa élite, porque permitía negociar el poder dentro de círculos relativamente cerrados, sin una apertura real a los sectores emergentes.
Pero Chile ya no era una sociedad tan simple ni tan fácilmente controlable. La expansión de las clases medias, la organización obrera, el crecimiento urbano, la circulación de nuevas ideas políticas y la visibilidad de la cuestión social comenzaron a tensionar el orden existente.
A medida que el sistema político se mostraba incapaz de responder con eficacia a estos cambios, fue perdiendo legitimidad. La población podía observar que existía Congreso, ministerios, debates, leyes y elecciones, pero al mismo tiempo comprobar que muchos problemas de fondo seguían sin solución.
Esto es importante: la legitimidad no depende solo de que las instituciones existan formalmente. Depende también de que la sociedad las perciba como capaces de representar intereses amplios y de responder a conflictos reales.
Cuando un régimen parece servir solo a una minoría y fracasa en atender demandas urgentes, comienza a perder sustento moral y político. Y cuando eso ocurre, se abren las puertas a reformas profundas, crisis institucionales o intervenciones extra institucionales.
5. Arturo Alessandri Palma y la irrupción de una nueva política
En este contexto emerge una figura fundamental de la historia chilena: Arturo Alessandri Palma (1868–1950). Su elección presidencial en 1920 marcó un momento importante porque representó, en cierta medida, la entrada de una nueva sensibilidad política.
Alessandri no era un revolucionario en sentido estricto, pero sí un líder capaz de conectar con sectores medios y populares descontentos con el viejo orden oligárquico. Su discurso se apoyaba en la idea de reformas sociales, modernización del Estado y mayor sensibilidad frente a los problemas de la población. Por eso fue apodado el “León de Tarapacá”, debido a su estilo oratorio enérgico y confrontacional.
Lo relevante aquí es que Alessandri expresó políticamente una tensión ya existente: la necesidad de transformar un sistema que no estaba respondiendo a la sociedad real del país. Sin embargo, una vez en el gobierno, se encontró con el enorme obstáculo del parlamentarismo. El Congreso bloqueó o ralentizó muchas de sus iniciativas, y el conflicto entre Ejecutivo y Legislativo se intensificó.
Esto demuestra algo central: no basta con que aparezca un liderazgo reformista si las estructuras institucionales siguen impidiendo cambios significativos.
La crisis política se fue agravando hasta llegar a un punto crítico en 1924, cuando un grupo de oficiales del ejército protagonizó el llamado “ruido de sables”, manifestación de presión militar en el Congreso para exigir reformas, especialmente en materia de sueldos y leyes sociales. Poco después, la situación derivó en una intervención militar más directa y en una fuerte desestabilización del sistema.
Aquí debes entender algo importante: cuando los mecanismos institucionales dejan de procesar adecuadamente los conflictos, otros actores —como las Fuerzas Armadas— pueden entrar a ocupar un lugar político más activo.
6. La Constitución de 1925: por qué fue necesaria y qué cambió realmente
La Constitución de 1925 fue una respuesta a la crisis del régimen parlamentario y al agotamiento del orden político anterior. No surgió como una simple reforma administrativa. Surgió porque el sistema ya no daba respuestas satisfactorias a las tensiones acumuladas.
Promulgada bajo el liderazgo de Alessandri, esta nueva Constitución buscó reorganizar el equilibrio de poderes y fortalecer la capacidad del Estado para gobernar. Su cambio más importante fue el fortalecimiento del régimen presidencial.
Esto significa que el Presidente de la República recuperó un rol más claro y más fuerte en la conducción del Estado, disminuyendo la excesiva dependencia del Congreso que había caracterizado al parlamentarismo chileno. El objetivo era dar mayor estabilidad al Ejecutivo y permitir una gestión más coherente y continua.
Pero la Constitución de 1925 no se limitó a eso. También incorporó otras transformaciones importantes. Una de las más conocidas fue la separación entre la Iglesia y el Estado, lo que puso fin al carácter confesional del Estado chileno y abrió paso a una relación distinta entre política e institución religiosa.
Además, aunque no resolvió todos los problemas sociales ni democratizó plenamente el país de inmediato, sí marcó un cambio en la forma de pensar el papel del Estado. El sistema ya no podía seguir operando como si bastara con arbitrar entre grupos de poder. Se requería una estructura institucional más capaz de intervenir en la vida nacional.
La Constitución de 1925 fue, por tanto, un punto de inflexión. No significó el fin de los conflictos políticos en Chile, ni inauguró una era de estabilidad perfecta. Pero sí cerró el ciclo del parlamentarismo oligárquico y abrió una nueva etapa, en la que el presidencialismo y un Estado más fuerte tendrían mayor protagonismo.
7. La Gran Depresión y el impacto brutal de la crisis de 1929 en Chile
Cuando todavía se estaba reconfigurando el sistema político chileno, ocurrió un golpe de enorme magnitud: la crisis de 1929 y la posterior Gran Depresión.
Chile fue uno de los países más afectados del mundo por esta crisis, y la razón principal estuvo en la estructura misma de su economía. El país dependía fuertemente de la exportación de materias primas, especialmente del salitre, y en menor medida del cobre. Esto significa que su estabilidad interna estaba muy ligada a la demanda y a los precios del mercado internacional.
Cuando la economía mundial colapsó y el comercio internacional se contrajo, la demanda por salitre cayó fuertemente. Como resultado, muchas oficinas salitreras cerraron o redujeron drásticamente su actividad. El desempleo se disparó, especialmente en el norte, y miles de personas quedaron sin trabajo y sin medios de subsistencia.
La crisis no afectó solo al norte salitrero. También golpeó las finanzas del Estado, redujo ingresos fiscales, debilitó la economía urbana y aumentó la pobreza en distintas regiones del país. Muchos trabajadores migraron desde el norte hacia otras ciudades, especialmente Santiago, buscando sobrevivir en un contexto muy duro.
Aquí aparece una lección económica clave: cuando un país depende excesivamente de exportar unos pocos productos, se vuelve muy vulnerable a las crisis externas.
La Gran Depresión dejó en evidencia los límites del llamado modelo de crecimiento hacia afuera, es decir, una economía estructurada principalmente para vender al exterior materias primas y depender de esa relación para sostener el funcionamiento interno.
Ese modelo había sido rentable en determinados contextos, pero mostró su fragilidad cuando el mercado mundial colapsó.
8. El fin del modelo de crecimiento hacia afuera y la redefinición del rol del Estado
La crisis de 1929 no solo provocó pobreza y desempleo. También obligó a replantear la estrategia económica del país.
Hasta entonces, Chile había basado gran parte de su desarrollo en la exportación de recursos naturales, confiando en que el mercado internacional seguiría absorbiendo esos productos. Pero la Gran Depresión demostró que esa dependencia podía ser desastrosa.
A partir de esta experiencia, comenzó a tomar fuerza una nueva orientación: la idea de que el país debía fortalecer su capacidad productiva interna y que el Estado debía asumir un rol más activo en la economía.
Este cambio está relacionado con un proceso más amplio en América Latina conocido como industrialización por sustitución de importaciones (ISI). La lógica era relativamente simple: si importar productos manufacturados desde el extranjero se vuelve difícil o riesgoso, el país debe intentar producir más de esos bienes dentro de su propio territorio.
En este contexto, el Estado comenzó a dejar atrás la lógica más pasiva del liberalismo económico clásico y a intervenir con mayor decisión en la planificación, regulación e impulso del desarrollo.
Eso implicó varias transformaciones:
- mayor participación estatal en la economía
- impulso a actividades industriales
- creación o fortalecimiento de instituciones públicas
- desarrollo de políticas sociales y laborales
- intento de reducir la dependencia externa
Aquí debes entender algo central: la redefinición del rol del Estado no fue una moda ni una simple copia de ideas extranjeras. Fue una respuesta histórica concreta a una crisis profunda. El país había comprobado que dejar todo al mercado y al comercio externo no bastaba para asegurar estabilidad ni bienestar.
9. Estado, bienestar social y nuevos desafíos en la primera mitad del siglo XX
A medida que el Estado se fortalecía, también se hacía más visible una nueva expectativa social: que el poder público no solo mantuviera el orden, sino que también contribuyera al bienestar de la población.
Esto no significa que Chile se transformara de inmediato en un Estado de bienestar pleno, como algunos países europeos más tarde. Pero sí comenzó a desarrollarse la idea de que el Estado debía participar más en materias como trabajo, previsión, salud, educación y protección social.
Las demandas sociales acumuladas desde la cuestión social no habían desaparecido. Por el contrario, seguían presentes. La diferencia es que ahora existía mayor conciencia de que la política no podía ignorarlas indefinidamente sin poner en riesgo la estabilidad del país.
Por eso, la transformación del Estado chileno en esta etapa debe entenderse como un proceso doble:
Por un lado, fue una transformación institucional, porque cambió la forma de distribuir el poder entre Presidente y Congreso.
Por otro, fue una transformación económica y social, porque cambió la expectativa sobre lo que el Estado debía hacer.
Ya no bastaba con arbitrar políticamente entre sectores poderosos. Se esperaba que el Estado contribuyera a ordenar la economía, enfrentar crisis, promover cierta integración social y ampliar su capacidad de acción.
Este cambio no eliminó la desigualdad ni resolvió todos los conflictos. Pero sí modificó la relación entre sociedad y Estado en Chile.
10. Explicación simple, clara y sin perder profundidad
Ahora te lo explico de forma más directa, pero manteniendo la seriedad histórica.
Chile tenía un sistema parlamentario que funcionaba sobre todo para la élite política. El Congreso tenía demasiado poder sobre el Presidente, los ministros cambiaban constantemente y el sistema respondía mal a los problemas sociales reales. Mientras tanto, crecían la pobreza, la explotación laboral y el malestar de trabajadores y sectores medios. Esa combinación fue desgastando la legitimidad del régimen.
Arturo Alessandri expresó políticamente ese malestar y empujó reformas, pero chocó con los límites del sistema. La Constitución de 1925 intentó resolver esa crisis fortaleciendo al Presidente y reorganizando el Estado. Poco después, la crisis de 1929 mostró que la economía chilena dependía demasiado del mercado mundial y del salitre. Entonces el país tuvo que cambiar también su estrategia económica y darle al Estado un rol más activo.
En resumen, esta etapa no fue solo una crisis política ni solo una crisis económica. Fue una transformación profunda del país. Cambió la forma de gobernar, cambió la forma de pensar el desarrollo y cambió la relación entre el Estado y la sociedad.
INTEGRACIÓN DE CONTENIDO CULTURAL O CONTEXTUAL
Este periodo también fue importante porque cambió la forma en que muchos chilenos comprendían la política y su lugar dentro de la sociedad. La expansión de las ciudades, la organización obrera, el surgimiento de nuevas ideas políticas y el desarrollo de una esfera pública más compleja hicieron que la política dejara de ser un asunto exclusivamente de la élite.
Además, la crisis del parlamentarismo y la transformación del Estado no ocurrieron solo en el nivel institucional. También impactaron la cultura política del país. La población comenzó a esperar más del Estado. Ya no se trataba solo de obedecer leyes o votar ocasionalmente. Se trataba de exigir respuestas frente a la pobreza, el trabajo, la educación y la desigualdad.
Si hubiera que resumir el clima de esta etapa en una idea, podría decirse así: Chile estaba dejando atrás un orden oligárquico relativamente cerrado y entrando, con tensiones y conflictos, a una fase en que el Estado debía reconocer que la sociedad era más amplia, más compleja y más demandante.
TABLA DE SÍNTESIS
| Proceso | ¿En qué consistió? | Importancia histórica |
|---|---|---|
| Parlamentarismo chileno | Predominio del Congreso sobre el Presidente después de 1891 | Generó inestabilidad ministerial y dificultó reformas profundas |
| Cuestión social | Pobreza, precariedad laboral, hacinamiento y desigualdad | Mostró que el sistema político no respondía a la realidad social |
| Organización obrera | Huelgas, sindicatos, partidos y líderes como Recabarren | Aumentó la presión por cambios sociales y políticos |
| Crisis del régimen oligárquico | Desgaste de un sistema dominado por la élite | Debilitó la legitimidad del parlamentarismo |
| Arturo Alessandri | Liderazgo reformista elegido en 1920 | Expresó el malestar social y la necesidad de transformación |
| Constitución de 1925 | Fortalecimiento del presidencialismo y separación Iglesia-Estado | Cerró el ciclo parlamentario y reorganizó el sistema político |
| Crisis de 1929 en Chile | Colapso del salitre, desempleo y pobreza | Mostró la fragilidad del modelo económico exportador |
| Nuevo rol del Estado | Mayor intervención económica y social | Redefinió la relación entre Estado, economía y sociedad |
ACTIVIDAD 1: COMPRENSIÓN PROFUNDA
Explica por qué el sistema parlamentario chileno entró en crisis durante las primeras décadas del siglo XX.
Tu respuesta debe considerar la relación entre estructura institucional, cuestión social, organización obrera, falta de representación política y pérdida de legitimidad del régimen. No basta con decir que “el Congreso tenía mucho poder”. Debes mostrar por qué ese sistema dejó de responder a la realidad del país.
ACTIVIDAD 2: ANÁLISIS Y REFLEXIÓN
Responde de manera argumentada:
¿Crees que las crisis económicas obligan necesariamente a transformar el rol del Estado?
Para responder, utiliza lo aprendido sobre Chile en 1929 y la crisis del modelo de crecimiento hacia afuera. Puedes reflexionar también sobre si un Estado pasivo puede enfrentar adecuadamente crisis sociales profundas.
CIERRE DE LA CLASE
La crisis del parlamentarismo en Chile fue mucho más que un problema entre Presidente y Congreso. Fue la expresión política de un país que había cambiado socialmente, pero que seguía siendo gobernado por reglas y prácticas pensadas para una realidad anterior. La cuestión social, la organización del mundo del trabajo, el agotamiento del orden oligárquico y la falta de capacidad del sistema para responder a nuevas demandas fueron debilitando su legitimidad.
La Constitución de 1925 intentó resolver esa crisis fortaleciendo el presidencialismo y reorganizando el equilibrio institucional. Pero poco después, la Gran Depresión mostró que el problema no era solo político: también era económico. Chile dependía demasiado del comercio exterior y del salitre. Por eso, el país tuvo que redefinir su estrategia y comenzar a darle al Estado un papel más activo en la economía y en la sociedad.
Comprender esta etapa es fundamental porque aquí se empieza a formar el Chile contemporáneo: un país donde el Estado ya no puede ser pensado solo como árbitro político, sino también como actor económico y social frente a una sociedad más compleja y más demandante.
METACOGNICIÓN
¿Qué parte de esta clase te ayudó más a entender por qué el parlamentarismo chileno perdió legitimidad?
¿Qué relación lograste ver entre cuestión social, crisis política y cambio constitucional?
¿Qué idea te pareció más importante: la Constitución de 1925 o el cambio en el rol del Estado?
Si tuvieras que explicarle a otra persona por qué Chile cambió en esta etapa, ¿qué no podrías dejar fuera?